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| Nubes en Soria |
Érase una vez una nube que surcaba los cielos viajando por toda la atmósfera. La nube se llamaba pouringWater, era del tipo cumulunimbus y la gente la conocía como No-te-olvides-el-paraguas. Su periplo empezó allende los mares cuando el agua del mar decidió dejar a la sal en el fondo del oceano y largarse de picos pardos con el aire que, todo hay que decirlo, estaba un pelín viciado por el dióxido de
carbono y otros gases de diversa índole y dudosa procedencia. Nuestra amiga pouringwater visitaba lugares exóticos y descargaba allí donde más le placía para alegría de agricultores, desesperación de veraneantes e indignación de la sal que debía aguantar los cuernos del agua con el aire.
Ya se sabe que las nubes no tienen ojos pero si diminutas orejas con las que escuchan cosas y claro como tampoco tienen brazos no pueden taparse los oídos cuando no deben escuchar cosas. Como normalmente hacemos los humanos. El caso es que debían escuchar los lamentos, alegrías y demás sentimientos de cuantos animales poblaban la tierra, así como chismorreos, tonterías, discursos interminables, diálogos trascendentales, los monólogos de las personas solitarias y otros ensayos.
El caso es que nuestra nube no estaba sola en la atmósfera sino que compartía espacio y aire con otras nubes de difereente procedencia. La versión oficial de la reproducción de las nubes es la consabida cantinela que le explican a los niños de 8 años, el agua en estado líquido se evapora, forma las nubes, descarga y vuelve al mar. Pero había nubes cuya existencia poco o nada tenía que ver con la oficial.
Estaban las nubes grises que se formaban por las lágrimas de tristeza de todas aquellas personas que sufrían en algún momento de su vida.
Después estaban las nubes negras que se formaban porque había personas que lo veían todo negro y lloraban de rAbia por no poder cambiar su situación. Las nubes naranjas se formaban porque algún graciosillo hacía reír a más de uno y no legaban al lavabo a tiempo. Y ya para acabar estaban las nubes algodón en las que había
más de una Heidi durmiendo. Timando a las compañías aéreAs. Viajando por todo el mundo. Nuestra amiga pouringwater estaba en algún lugar sin nombre cuando se
encontró con un situación por lo menos esperpéntica. Las moléculas de agua que formaban la nube habían montado una fiesta de órdago, de esas que se recuerdan y te etiquetan en facebook para que no te olvides. Al frotarse vigorosamente se cargaron negativamente para consiguiente malestar de la nube que tenía unas ganas tremendas de tirarse un rayo, o en lenguaje culto, descargar eléctricamente. La
nube aguantó cuanto pudo peeeeero en esto la nube escuchó unas cuantas tonterías que se decían en la tierra y vio cómo algunos electrones abandonaban la tierra dejándola cargada positivamente. La nube se enfadó tanto que tronó, se tiró el rayo y descargó.
Y colorín, Colorado este cuento se ha acabado.
Esto me recueda un poco la historia del Diablo Cojuelo, cuando levantaba los tejados para enterarse de la vida de los humanos.
ResponderEliminarMuy bueno amiga ¡¡¡¡me ha encantado esta historia de la nube...eres una fenomeno escribiendo.
ResponderEliminarEspero el proximo.
Besos.